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El largometraje dirigido por la japonesa Naomi Kawase nos desvela un análisis profundo sobre el significado de la vida, la muerte y, como bien reseña el título, el luto. La trama tiene lugar en una residencia de ancianos, situada en un hermoso y frondoso paraje perteneciente a las afueras de alguna ciudad de Japón. Dentro de este contexto se expone la historia de dos personajes centrales: Shigeki y Machiko. El primero es un anciano con una conducta bastante infantil y que desde hace 33 años es viudo. Machiko es una de las cuidadoras de la residencia, que también perdió a un ser querido, su hijo. Machiko se siente muy apegada a Shigeki, ya que le hace recordar a su hijo por el comportamiento tan infantil que tiene. El suceso central de la película ocurre en un día que se sale de la rutina habitual, Machiko accede a llevar a Shigeki a dar un paseo en coche, pero este se avería y el anciano se adentra, en un arrebato de testarudez, en el bosque, con lo que Machiko tiene que seguirle. En este momento de crisis, los dos personajes descubren que tienen algo muy doloroso en común y se ayudan mutuamente para superarlo.